Rachmaninov: Vocalise, Op.34: No.14 Me distrae demasiado y atempera la posibilidad de poderte regañar. ¿Será eso o es que, por más que le busco, no encuentro de dónde agarrarme para hacerlo? Te ofrezco una disculpa, en esta ocasión te fallaré porque, más que lo que leí, lo que te escuché me produjo, cómo decirlo, un gran disfrute. Me parece que Luis Javier Hernández te dio el tiempo y las entradas exactas para que tú pudieses, como si cualquier cosa, no sólo responder a sus preguntas sino mostrarte como una persona que sabe de lo que habla, que tiene una postura política respetuosa y con un sentido del humor que aparece de soslayo pero que es efectivo.
En estos momentos es fácil concentrarse en los eventos, uno
tras otro, que se suceden sin pausa y que no bien uno reacciona, de inmediato
aparece otra noticia, construyendo el devenir de cada uno de los actores
políticos, pero, ciertamente son solo sendas que llevan a un mismo fin.
Pareciese una representación teatral de la cual sabemos el final: “Todos los
caminos llevan a Claudia”, pero que no deja de emocionarnos en tanto los
actores nos brindan muchas escenas, sobre todo, nos develan aquello de lo que
está hecho el hombre: los impulsos más
bajos, la avaricia, el engaño, la tentación de la satisfacción de la carne, la
destrucción de sí y del otro. También nos muestran el ánimo de lucha, la
humildad, el deseo de bienestar y la posibilidad de construirnos justos. No deja de sorprenderme el continuo
intercambio de papeles, la farsa, la negación inconsciente de la verdad que
encontramos en ambos bandos, pero lo que me conmueve y me sostiene es la
presencia de un hombre que ha dedicado su vida a revelarnos la otra cara de la
moneda: nuestro México puede ser diferente, podemos salir del lodazal,
autorregularnos, creer en el otro y trascender.
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