viernes, 1 de septiembre de 2023

Mujer contra mujer

 

Cinco millones más mujeres que hombres existen en nuestro país. No es difícil pensar, dada la "exitosa" lucha feminista y la caída en proceso del machismo, que las mujeres estén llamadas a sostener el liderazgo de nuestro mundo. ¿Pero es realmente posible que una mujer gobierne un país en donde siguen los hombres manejando todo el entretejido del poder? La lucha por la presidencia será, sin duda alguna, una lucha mujer contra mujer, Sheinbaum contra Xóchitl. Sin embargo, pasan los días y lo que vemos en los medios no es eso. Lo que vemos, y ciertamente no se me escapa que es un imaginario, que detrás de una, está AMLO, el padre amado y autoritario, creador no solo de un movimiento sino de una postura ideológica y afectiva difícil de repetir, quien con una mano dura y amorosa ha ido guiando el corazón de millones de mexicanos dispuestos a dar batalla en contra del abuso y la desesperanza de una vida miserable. Vemos a una Sheinbaum que orgullosa luce sus resultados académicos y laborales, como una buena hija que intenta emular la postura paterna hasta en gestos y palabras que llenen de satisfacción a quien ella admira y ama. Definitivamente, una buena hija, que muchos pensamos, continuará el camino trazado por su líder. Continuidad con cambio, dicen. Aquí el problema es el cambio porque desconocemos, seamos honestos, qué hay detrás de esa lealtad. No ignoramos que la traición llega, consciente o inconscientemente, de quien más amamos.

En cuanto a Xóchitl, no es por nada que ella respingó al escuchar que simplemente había sido seleccionada por un puñado de hombres con dinero. Es decir, una compra. Estos mismos sujetos han creado todo un teatro de la democracia, una representación exitosa, aplaudida por sus patrocinadores que dibujan una sonrisa de ilusión en sus rostros al pensar que por fin, todo regresará “a lo que nos ha construido como nación”. Ella es la protagonista de esta puesta en escena y no le ha importado nada pasar por encima de hombres, pero sobre todo de mujeres, sus camaradas feministas, para poder algún día considerarse como la mujer más poderosa de México. La realidad es lo que ella sabe de sí misma: es una muñequita de trapo, una sonriente María que, con sus ojitos abiertos y su sonrisa paralizada en el rostro, está para el regocijo de otros.

Estas mujeres nos develan dos posturas psíquicas de lo femenino: el anhelo de ser amada (Claudia) y el “haz de mí lo que quieras” (Xóchitl).  Lo relevante será cómo estas posturas se activen cuando alguna de ellas tenga un puesto político en donde el poder es considerado un privilegio, un lugar que se ofrece sin límites y sin restricciones a menos que se sientan llamadas a gobernar en favor del bienestar general, de la restitución del lazo social y de la producción de la cultura, haciendo a un lado su satisfacción narcisista. Es decir, mientras la mujer no se lleve a sí misma a la ley y a la consideración del otro, la conclusión será únicamente la satisfacción de su goce y allí, no hay nada que la detenga. Mientras no introduzca un lazo amoroso hacia el otro, no habrá garantía de compromiso, de cumplimiento y de efectividad.

No es azaroso que sea una mujer la llamada a gobernar a nuestro país, pues existe el anhelo de que ella lo hará amorosamente, florido y colorido, pleno de compasión y asistencia, alguien que arrope al pueblo mexicano y le aliente a seguir adelante, tal como una madre renuncia a sí para brindarse al hijo. Y en esa generosidad, el amor podrá retornar para entonces cumplirse.

Miro las imágenes de una noticia triunfal: Alejandro Moreno en un exaltado discurso, nos comparte a grito batiente, los datos que revelan que Xóchitl será quien represente no solo al PAN sino también al PRI. Miro los rostros de quienes le acompañan y le aplauden, en algunos hay cansancio, hartazgo tal vez, pero no logro ver una señal de vergüenza, de culpa o de algún centelleo en la mirada que denote un pesar. No, es llanamente continuar con la representación una y otra vez, de la farsa que han repetido a lo largo de los años. Un fraude más. Un engaño más al pueblo. Solo que esta vez han caído demasiado bajo y ya nadie les cree.

A mí solo me queda una pregunta, dicho sea de paso, no he escuchado a nadie más: ¿porqué Xóchitl? Nuevamente recurro a la mirada para intentar desentrañar en su cara una respuesta. Me encuentro con el rostro bobalicón y la risa de hiena que siempre intenta la carcajada feliz ante la imposibilidad de su palabra. Es una mujer que convoca al enojo, al desprecio, a la indignación. Este último acto, el sacrificio de una compañera, nos habla de una mujer sin ley que no se detendrá ante nada, ni siquiera ante su propia denigración, con tal de llegar, eso quisiera, a tenerlo todo. Esa es su propia farsa, no solo porque nunca lo tendrá todo, sino porque ahí están los hombres que la sostienen y que también serán capaces, como lo han mostrado, de hacer lo que sea necesario, para ser ellos quienes posean todo el poder. Destruirla inclusive. Eso es lo que se hace cuando una mujer propone “haz de mí lo que quieras”. Y lo harán.

Esa es la respuesta.

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