Cinco millones más mujeres que hombres existen en nuestro país.
No es difícil pensar, dada la "exitosa" lucha feminista y la caída en proceso del machismo, que las mujeres estén llamadas a sostener el liderazgo de nuestro
mundo. ¿Pero es realmente posible que una mujer gobierne un país en donde
siguen los hombres manejando todo el entretejido del poder? La lucha por la
presidencia será, sin duda alguna, una lucha mujer contra mujer, Sheinbaum
contra Xóchitl. Sin embargo, pasan los días y lo que vemos en los medios no es
eso. Lo que vemos, y ciertamente no se me escapa que es un imaginario, que
detrás de una, está AMLO, el padre amado y autoritario, creador no solo de un
movimiento sino de una postura ideológica y afectiva difícil de repetir, quien
con una mano dura y amorosa ha ido guiando el corazón de millones de mexicanos
dispuestos a dar batalla en contra del abuso y la desesperanza de una vida
miserable. Vemos a una Sheinbaum que orgullosa luce sus resultados académicos y
laborales, como una buena hija que intenta emular la postura paterna hasta en
gestos y palabras que llenen de satisfacción a quien ella admira y ama.
Definitivamente, una buena hija, que muchos pensamos, continuará el camino
trazado por su líder. Continuidad con cambio, dicen. Aquí el problema es el
cambio porque desconocemos, seamos honestos, qué hay detrás de esa lealtad. No ignoramos
que la traición llega, consciente o inconscientemente, de quien más amamos.
En cuanto a Xóchitl, no es por nada que ella respingó al
escuchar que simplemente había sido seleccionada por un puñado de hombres con
dinero. Es decir, una compra. Estos mismos sujetos han creado todo un teatro de
la democracia, una representación exitosa, aplaudida por sus patrocinadores que
dibujan una sonrisa de ilusión en sus rostros al pensar que por fin, todo regresará
“a lo que nos ha construido como nación”. Ella es la protagonista de esta
puesta en escena y no le ha importado nada pasar por encima de hombres, pero
sobre todo de mujeres, sus camaradas feministas, para poder algún día
considerarse como la mujer más poderosa de México. La realidad es lo que ella
sabe de sí misma: es una muñequita de trapo, una sonriente María que, con sus
ojitos abiertos y su sonrisa paralizada en el rostro, está para el regocijo de
otros.
Estas mujeres nos develan dos posturas psíquicas de lo femenino:
el anhelo de ser amada (Claudia) y el “haz de mí lo que quieras” (Xóchitl). Lo relevante será cómo estas posturas se
activen cuando alguna de ellas tenga un puesto político en donde el poder es
considerado un privilegio, un lugar que se ofrece sin límites y sin
restricciones a menos que se sientan llamadas a gobernar en favor del bienestar
general, de la restitución del lazo social y de la producción de la cultura,
haciendo a un lado su satisfacción narcisista. Es decir, mientras la mujer no
se lleve a sí misma a la ley y a la consideración del otro, la conclusión será
únicamente la satisfacción de su goce y allí, no hay nada que la detenga.
Mientras no introduzca un lazo amoroso hacia el otro, no habrá garantía de
compromiso, de cumplimiento y de efectividad.
No es azaroso que sea una mujer la llamada a gobernar a nuestro
país, pues existe el anhelo de que ella lo hará amorosamente, florido y
colorido, pleno de compasión y asistencia, alguien que arrope al pueblo
mexicano y le aliente a seguir adelante, tal como una madre renuncia a sí para
brindarse al hijo. Y en esa generosidad, el amor podrá retornar para entonces
cumplirse.
Miro las imágenes de una noticia triunfal: Alejandro Moreno en
un exaltado discurso, nos comparte a grito batiente, los datos que revelan que
Xóchitl será quien represente no solo al PAN sino también al PRI. Miro los
rostros de quienes le acompañan y le aplauden, en algunos hay cansancio,
hartazgo tal vez, pero no logro ver una señal de vergüenza, de culpa o de algún
centelleo en la mirada que denote un pesar. No, es llanamente continuar con la
representación una y otra vez, de la farsa que han repetido a lo largo de los
años. Un fraude más. Un engaño más al pueblo. Solo que esta vez han caído
demasiado bajo y ya nadie les cree.
A mí solo me queda una pregunta, dicho sea de paso, no he
escuchado a nadie más: ¿porqué Xóchitl? Nuevamente recurro a la mirada para
intentar desentrañar en su cara una respuesta. Me encuentro con el rostro
bobalicón y la risa de hiena que siempre intenta la carcajada feliz ante la
imposibilidad de su palabra. Es una mujer que convoca al enojo, al desprecio, a
la indignación. Este último acto, el sacrificio de una compañera, nos habla de
una mujer sin ley que no se detendrá ante nada, ni siquiera ante su propia
denigración, con tal de llegar, eso quisiera, a tenerlo todo. Esa es su propia
farsa, no solo porque nunca lo tendrá todo, sino porque ahí están los hombres que
la sostienen y que también serán capaces, como lo han mostrado, de hacer lo que
sea necesario, para ser ellos quienes posean todo el poder. Destruirla
inclusive. Eso es lo que se hace cuando una mujer propone “haz de mí lo que quieras”. Y lo harán.
Esa es la respuesta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario