Has resumido en seis renglones el futuro de México. Tal como tú sabes, sintetizar no es lo mío así que te mando una suficiente cantidad de renglones para compartirte lo que tu comentario ha despertado en mí. La decisión se está dando a desear y ese tiempo que consume, me permite imaginar varios resultados posibles, unos muy optimistas , otros decepcionantes, aunque es cierto, casi estoy tranquila de pensar que sea la Sheinbaum quien gane. Al menos, mejor a ella a Ebrard, Monreal o el güerito. He de decir que yo no soy feminista, me niego a ser una mujer encasillada en el pleito constante contra los hombres, contra el supuesto patriarcado "que no ha dejado nada bueno" y contra el empoderamiento obtusamente varonil que las feministas quieren ostentar. Hacer de lo femenino una burla molesta y degradatoria, algo que se debe borrar a punta de gritos, mazasos e imposiciones verbales. Me niego. Y no se trata de mantener la epístola de Melchor Ocampo en boga, sino darnos a nosotras mismas la posibilidad de decisión de nuestras vidas, sea cual sea la decisión, pero siempre felices de SER mujer y no remedos bochornosos de un hombre. Tal vez no se considere importante quién es esa mujer llamada Claudia ni cómo vive su feminidad, pero a mí, por supuesto que me importa porque nos va a representar a todas nosotras, como género y como todo un país que está viviendo, como tú dices, un acto inédito de nuestra historia. Si ella falla, si se descompone, si se transgrede a sí misma, si no encuentra su verdadero lugar para gobernar, seremos todas las mujeres mexicanas quienes habremos perdido la posibilidad de hacer del siglo XXI, el siglo de las mujeres. Tiene y tenemos una sola oportunidad. Hay que ser claros: no solamente está en juego la cuestión política, la presidencia, el plan C o las reformas judiciales. Está en juego la viabilidad del poder femenino y la construcción de una nueva visión de lo que es una mujer. Es decir, tal como te lo comenté en mi último texto, "el anhelo de que ella lo hará amorosamente, florido y colorido, pleno de compasión y asistencia, alguien que arrope al pueblo mexicano y le aliente a seguir adelante" pero que a su vez pueda ocupar el lugar de ley, de autoridad que lleve a los suyos a la trascendencia del cuerpo, el espíritu y la tierra.
Por último, quiero compartirte algo muy personal: mi padre, un gran médico reconocido en toda América, era lopezobradorista, él me llevaba a los mítines y siempre me comentaba "¡éste sí!". Murió hace casi 22 años y no llegó a ver ni a disfrutar de todo esto que nosotros sí vivimos con muchísima emoción. Platico con él, esperando que me escuche, anhelando con todo mi corazón que sí sea mi ángel de la guarda y vea que su niña, su chaparrita, sigue compartiendo con él la posibilidad de constatar la grandeza de México.
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